Ai no kusabi: más allá del yaoi (reseña)

imagen promocional de Ai no kusabi.FICHA TÉCNICA

Título original: Ai no kusabi

Autor original: Reiko Yoshihara

Director: Akira Nishimori y Katsuhito Akimaya

Género: Yaoi, ciencia ficción, drama

Capítulos: 2 OVAs

Fecha de estreno: 1992-1994 (finalizada)

Estudio: AIC

Seiyuus: Kaneto Shiozawa; Toshihiko Seki; Koji Tsujitani; Hideyuki Tanaka


El anime yaoi (romance chico/chico) está bastante estigmatizado, sobre todo en Occidente. Aunque parece que cada vez hay más aceptación, sigue resultando evidente que la mayoría de los amantes del anime huyen del romance homosexual debido, a mi parecer, a los prejuicios.

Para ser sinceros, gran parte de la culpa la tiene el propio género, que de un tiempo a esta parte se ha convertido en una montaña de clichés que destierra todo argumento a favor de la incorrecta erotización de los personajes y de una insoportable ñoñería. De hecho los yaoi más famosos y que despiertan mayor furor entre las fujoshis son los que pecan de lo que acabo de mencionar: véanse Junjou Romantica, Sekaiichi Hatsukoi, Love Stage! u Okane ga nai.

Pero también existen excepciones, como la que vamos a tratar en esta reseña: Ai no kusabi es un anime de dos OVAs de una hora de duración cada una, realizado en un momento histórico en el que los japoneses primaban la calidad frente a la comercialización del producto. Y en la que el que el sexo se integraba de forma natural en el contexto de animes con grandes argumentos.

 

Clasismo y esclavitud en el marco de la ciencia ficción

En un mundo gobernado por una supercomputadora llamada Júpiter, la sociedad está dividida por un estricto sistema clasista: los blondies, humanos artificiales genéticamente modificados, ocupan el primer escalafón. Son intocables y se encargan de hacer cumplir la ley de Júpiter.

El estrato más bajo es el de los “mestizos”, que se reproducen de forma natural y a los que no se reconoce como ciudadanos; son la escoria de la sociedad.

Eos es un área supertecnológica donde vive la élite en Ai no kusabi.

Eos es un área supertecnológica donde vive la élite en Ai no kusabi.

Riki, un orgulloso mestizo, es atacado por un grupo de ciudadanos mientras trata de robar un coche. Un blondie lo rescata y, para pagarle el favor, Riki le ofrece su cuerpo, pues es lo único que tiene. El blondie, que resulta ser Iason Mink, el más alto rango entre los suyos, se encapricha de él y lo hace su pet (esclavo sexual), un “honor” inaudito para un mestizo. Tres años después, bajo la presión de Júpiter, los otros blondies y la propia infelicidad de Riki, Iason decide darle un año de libertad.

La primera de las OVAs de Ai no kusabi arranca en este punto.

 

Un “amor” corrompido

Si bien todo el entramado político-social que envuelve a Ai no kusabi es de una profundidad digna de envidia, el argumento central lo ocupa la tortuosa relación (por llamarla de alguna manera), entre Iason y Riki.

Este anime está lejos de caer en el típico esquema de seme posesivo-lascivo-ñoño y uke tsundere. Ciertamente hay un seme y un uke, pero esto se da más por el rol amo-esclavo que por cumplir con el manido cliché del yaoi. Además en la relación entre Iason y Riki existe una gran carga psicológica, poco asociada al género.

Iason queda atrapado por el orgullo de Riki, y empieza a manifestar por primera vez sentimientos impropios de los blondies. La única manera que conoce de mantener a Riki junto a él es convirtiéndolo en pet y generándole una total dependencia, sexual y psicológica. Su obsesión por el mestizo llega a poner en peligro su reputación y su posición social. Pero no hay amor en el acto de poseer.

A pesar de su orgullo, Riki termina por someterse, a base de castigos, al dominio de Iason, y cae en una fase profunda de síndrome de Estocolmo, en el que el amor y el odio hacia su amo se confunden.

Sin ánimo de spoilear más, cualquiera puede darse cuenta de que la típica relación yaoi está muy lejos de darse en Ai no kusabi.

 

Erotismo y tensión sexual

Ai no kusabi está empapado de un erotismo que envuelve toda la obra, de forma tan natural que no choca en ningún momento. La sociedad entera de este anime es dominada por el sexo o la falta de él, presentando los instintos sexuales su buena parte de protagonismo.

Las escenas sexuales son escasas, pero están muy bien situadas y se integran perfectamente en el conjunto del anime, y ninguna de ellas es gratuita. No se utilizan imágenes explícitas, tirando más hacia el erotismo que hacia la pornografía. Unas palabras susurradas por la sedosa voz de Iason y una caricia se bastan para hacer las delicias de hasta las fujoshis más experimentadas.

Iason Mink de Ai no kusabi.

Pues eso *.*. Fuente: Desmotivaciones. P.D: Lo siento, tenía que fangirlear.

 

Un diseño muy noventero

Sinceramente, no soy fan del diseño ni la animación de los ochenta y noventa. Ai no kusabi no es una excepción, si bien por su particularidad me resulta más tolerable que muchas otras. Nos encontramos con personajes estilizados, con poco detalle y unas líneas demasiado limpias.

La animación peca por su falta de fluidez, generando en ocasiones movimientos y posiciones extrañas. Pasando por alto estos problemillas, el anime se deja ver.

 

Ai no kusabi, más allá del yaoi

Si has llegado hasta aquí estarás de acuerdo conmigo en que Ai no kusabi es distinto al común de los yaoi. Con un contexto tan complejo (que hasta en la intro del anime te incluyen un glosario), y una relación entre los protagonistas que de amor tiene más bien poco, este anime se desmarca completamente del género, situándose en el primer puesto de mi top personal.

Si te gusta el yaoi pero estás hart@ de la misma historia de siempre, no te defraudará. Y si no conoces el género y te va la ciencia ficción, tampoco está mal para empezar. Ai no kusabi va más allá de los estigmas del amor homosexual en el anime. Lástima que no haya creado escuela.

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Nací en la Tierra (desgraciadamente), pero tengo corazón idhunita y alma hyliana. Fan absoluta del género fantástico en todas sus vertientes, friki del anime, nintendera hasta la médula, darks y adoradora del metal. Si no sabes diferenciar entre un unicornio y un pegaso, mejor no te dirijas a mí.