¿Eres seme o uke? 6 grandes clichés del yaoi

¡Ah, el yaoi! Ese género anime tan especialito y que concentra a ese oscuro sector del fandom femenino conocido como fujoshis. Ese género con los hombres en 2d más sexys, románticos y sensibles del mundo. Ese género plagado de clichés tan desternillantes que nos dan hasta para una Madriguera Friki.

Fujoshis. Viviendo el yaoi al límite. Fuente: Desmotivaciones.

Fujoshis. Viviendo el yaoi al límite. Fuente: Desmotivaciones.

 

Fujoshis (y no tan fujoshis) del mundo, disfrutad de los grandes clichés del yaoi, y soltad un par de carcajadas a la salud de los ukes y los semes que nos han hecho pasar tan grandes momentos.

 

O das o recibes

En el yaoi no existen términos medios. Cualquier hombre es automáticamente clasificado en seme (el que lleva el rol dominante en la relación) o uke (el que tiene el rol sumiso), de forma tan radical que te bastará un solo vistazo para diferenciarlos. Y como una imagen vale más que mil palabras…

Ukes y semes del yaoi.

Como puedes comprobar, los seme son siempre más altos y corpulentos que los uke, y tienen rasgos más masculinos y sexys. Por su parte, los ukes lucen una apariencia más aniñada e inocente.

Pero el cliché se extiende más allá de la apariencia física. Todo buen seme debe estar pagado de sí mismo, ser absolutamente posesivo y celoso a matar; y cómo no, tener ese puntito badass que pone a las fujoshi los pelos de punta. Por su parte, los ukes o son tan inocentes y tímidos que te dan ganas de darles un par de bofetadas; o unos tsunderes de la vida que fingen odiar a sus semes cuando por dentro están deseando que les den palmaditas en la cabeza.

 

Ñoños por naturaleza

El yaoi, aun con su componente de erotismo incluido, compite de cerca con el shoujo para ver cuál de los dos géneros es oficialmente declarado como el más ñoño. No solo el romance ocupará el 97.8% de la trama, sino que las parejas no podrían ser más cursis y románticas. En serio, dejarían al mismísimo Edward Cullen como un aficionado.

 

Porcentaje de heterosexualidad invertido

Si eres chico y vives en un yaoi, hay un 99.9% de posibilidades de que seas gay. Los autores de yaoi deben haberse olvidado de que los heterosexuales también existen, porque no hay otra explicación coherente. Por poner un ejemplo real, en una redacción con cinco hombres, cuatro son homos declarados y el quinto tiene todas las pintas de serlo.

Y si por algún motivo algún ser masculino tiene dudas sobre su sexualidad, pronto vendrá un bonito uke o un portentoso seme a aclarárselas.

¿Cuántos de estos hombres piensas que son gays? Fuente: captura de pantalla.

¿Cuántos de estos hombres piensas que son gays? Fuente: captura de pantalla.

Las mujeres están en peligro de extinción

Las mujeres son una rara avis en los yaoi, tan escasas como innecesarias. Solo entran en escena para dar celos a cualquier miembro de la pareja o en manadas de grupis persiguiendo al seme por doquier, para dejar claro a la audiencia lo terriblemente sexy que es.

Con algo de suerte puede que alguna camarera o recepcionista sea mujer, pero lo más probable es que hasta el del kiosko de la esquina sea un hombre atractivo que esté esperando para asaltar al uke de turno.

Por supuestísimo, hasta el más orco de los ukes estará quince veces mejor dibujado que la más radiante de las féminas.

 

Los uke son unas nenazas

Si ya se les ven las pintas. No hacen más que sonrojarse, llorar y hacerse los estrechos cada vez que su seme quiere tema. Y por si el rol que llevan en la pareja no quedase lo suficientemente claro por su aspecto físico, los autores no perderán oportunidad de travestirlos o vestirlos con trajes kawaii. Si es que donde se ponga un buen seme…

Ukes: siempre tan masculinos. Fuente: capturas de pantalla.

Ukes: siempre tan masculinos. Fuente: capturas de pantalla.

 

¡Pero si los dos somos hombres!

Solo a los japoneses se les podía ocurrir montar un género centrado en gays en el que el 90% de los protagonistas ponen como traba a su relación, en algún momento, que no puede ser porque son hombres. U hombres sanos, en su versión más hardcore. ¿Cómo puede tener tantos problemas para aceptar la homosexualidad una sociedad tan aficionada a las bragas sucias y los tentáculos? Me pregunto.

 

El sexo yaoi es distinto

¿Qué sería del yaoi sin las escenas de sexo? Ahí, abundantes y picantonas. Claro que las parejas yaoi hasta para echar un polvo son especiales. Y quien dice un polvo dice dos como mínimo (por capítulo). Eso es llevar una vida sexual activa y lo demás son tonterías.

Claro que la iniciación a la sexualidad de los ukes suele ser un poco espinosa: sus seme (y cualquier otro seme que ande por ahí suelto) no pierde oportunidad de acosarlo sexualmente. No importa si acaba de conocerlo, lo más probable es que lo arroje a su cama y lo masturbe; o entre sin permiso a su casa e intente violarlo. Pero un intento de violación kawai, que son todos muy cuquis.

Por otra parte, los ukes se limitan en el acto sexual a poner el agujero y a expresar mediante gemidos, lágrimas y mejillas sonrojadas las emociones de la pareja. Si en algún momento llegan a hacer algo, se verá en la historia como un gran logro y evolución por su parte. Solo les falta que les traigan flores y les toquen la marcha de la victoria para celebrarlo.

 

Beso indirecto, lo más erótico que puede hacer un uke. Fuente: captura de pantalla.

Beso indirecto, lo más erótico que puede hacer un uke. Fuente: captura de pantalla.

De los semes cabe destacar su absoluta predisposición para el sexo, no importa si se acaban de levantar, de llegar del trabajo, si están en un hotel, en una playa o en su flamante descapotable (no pensarías que los seme tienen coches normalitos, ¿no?). Tampoco tienen mucho en cuenta si sus uke los rechazan o no; ellos siempre ponen todas sus ganas y entusiasmo. Y es que si llega a depender del uke…

Comparte si te gustóTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+

Nací en la Tierra (desgraciadamente), pero tengo corazón idhunita y alma hyliana. Fan absoluta del género fantástico en todas sus vertientes, friki del anime, nintendera hasta la médula, darks y adoradora del metal. Si no sabes diferenciar entre un unicornio y un pegaso, mejor no te dirijas a mí.