Lucifer anda suelto en Los Ángeles (reseña)

Tom Ellis es un diablo que viste de Prada en Lucifer. Fuente: Facebook Oficial.

Tom Ellis es un diablo que viste de Prada en Lucifer. Fuente: Facebook Oficial.

Título original: Lucifer

País: Estados Unidos

Año: 2016

Género: policíaca; sobrenatural

Duración (capítulo): 45 minutos

Reparto: Tom Ellis; Lauren German; Lesley-Ann Brandt; Kevin Alejandro; D.B. Woodside; Rachael Harris


Lucifer fue una de las pocas series de este año que me llamó la atención, dada mi pasión por lo bíblico y lo sobrenatural. Aunque he de admitir que mis expectativas iban a la baja, pues su premisa del diablo huyendo del infierno y enfrentándose a los ángeles que requieren su regreso está tan trillada que no sé cómo todavía se permite utilizarla. Larga vida a los clichés.

El caso es que, una vez dada una oportunidad, Lucifer logró sorprenderme y, algo fundamental en una serie, engancharme. Veamos por qué.

 

El diablo anda suelto en Los Ángeles

Lucifer Morningstar (Tom Ellis) se ha aburrido de torturar almas en el infierno y ha decidido tomarse unas vacaciones indefinidas en Los Ángeles. Acompañado de su leal sierva Maze, el diablo abre un club nocturno y en seguida se hace un hueco en la pecaminosa ciudad, haciendo ciertos favores a los personajes adecuados. Cuando una cantante de pop a la que ayudó en el pasado es asesinada en su presencia, Lucifer decide que el culpable debe ser castigado. Para encontrarlo deberá colaborar con la detective de homicidios Chloe Decker, al mismo tiempo que enfrenta al ángel Amenadiel, quien tiene la misión de devolverlo al infierno.

 

De clichés, estereotipos y tramas predecibles

Con esta premisa, cualquier aficionado al género de detectives y sobrenatural sabe por dónde van los tiros. Por un lado tenemos el enfrentamiento de ángeles y demonios simbolizado por Amenadiel y Lucifer, mientras por el otro está la típica pareja de detectives raritos en la que (más que probablemente) terminará habiendo salseo.

Qué miradas. Chicos, que estáis en el trabajo. Fuente: Facebook Oficial de Lucifer..

Qué miradas. Chicos, que estáis en el trabajo. Fuente: Facebook Oficial.

Entre caso y caso, Lucifer se dedicará a intentar resolver sus serios problemas de identidad con la ayuda de la psicóloga Linda Martin (una genialísima Rachael Harris). El plantel se complementa con toda una sarta de personajes estereotipados como la sierva fiel y sádica del diablo (Maze 4ever), el honorable ángel que luego no es tan honorable, el servicial ex de la detective o la encantadora hija a la que le encanta el nuevo compañero, entre otros.

En este sentido, Lucifer no aportará nada nuevo a tu vida. Ya sé que estarás pensando que esta no es la mejor manera de recomendar una serie, pero un poquito de paciencia. Ahora viene lo bueno.

 

El diablo viste de Prada

Literalmente. El siempre trajeado Lucifer Morningstar demuestra en cada una de sus escenas por qué la serie lleva su nombre. Sus apariciones siempre rebosan de un gran carisma, y su carácter bromista, apasionado y rotundamente caprichoso es una delicia. Nunca sabes por dónde va a tirar su enorme ego, el cual te hará soltar más de una carcajada.

Además, esta serie explora el lado humano y vulnerable del diablo de forma bastante auténtica. Tom Ellis ha sabido dotar de una gran profundidad a un personaje en apariencia muy superficial, en una serie que tiene poco de profunda.

Además, Ellis está de buen ver y su par de desnudos gratuitos son un regalo para las féminas.

Aunque en lo personal me parece que se precipitaron humanizando a Lucifer, pues me faltó ver más de su carácter 100% demoníaco, me quito el sombrero ante Ellis y su Lucifer.

 

via GIPHY

Otro de los grandes papeles de la serie es el de Linda Martin, la psicoterapeuta de Lucifer. Estos dos mantienen una relación tan poco ortodoxa como desternillante, y en la consulta de la doctora Martin se suceden las mejores escenas de la serie.

La detective Decker tampoco se queda atrás. Experta en cortarle el rollo a su exasperante compañero, aporta el punto serio y responsable a una serie no demasiado seria.

Y tampoco podemos olvidarnos de la adorable Trixie, la hija de Decker, capaz de conquistar hasta al mismísimo diablo.

 

Endiabladamente adictiva

A pesar de ser hasta cierto punto predecible, también es cierto que Lucifer se reserva algunas sorpresas. Los homicidios mantienen el misterio capítulo a capítulo mientras se desarrolla la trama bíblica, que pega un subidón cuando Lucifer pierde su contenedor de muñecas rusas (ya lo entenderás).

Pero la sustancia adictiva que te mantiene pegad@ a Lucifer es la paulatina humanización de su protagonista. Su evolución y continua incomprensión y malinterpretación de lo que le está pasando, además de sus problemas familiares, se unen a su carisma para atrapar a cualquier telespectador que ose llegar al segundo capítulo.

 

Una serie poco seria

Lucifer no es que sea precisamente lógica, ni seria para ser una serie policíaca. Esa mezcla tan suya de absurdos y oscuridad puede ser un poco chocante al principio, pero si ves Lucifer con la mente abierta enseguida te acostumbrarás (o pasarás por alto los hechos ilógicos).

 

Más Lucifer

Of course he did. Fuente: Facebook oficial de Lucifer.

Of course he did. Fuente: Facebook oficial.

Lucifer es una serie cargada de humor y carisma. Entretenida y divertida, es una serie que no pasará a la historia, pero que se deja ver y cumple su labor de enganchar a quien la ve. Recomendada para los que buscan algo ligero, sin grandes pretensiones.

Renovada ya para una segunda temporada, las audiencias de Lucifer parecen brindarnos diablo para rato. Tendremos que esperar hasta enero de 2017 para reencontrarnos con el carismático Lucifer y ver si sigue siendo capaz de mantenernos pegados a la pantalla durante sus siguientes trece capítulos.

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Nací en la Tierra (desgraciadamente), pero tengo corazón idhunita y alma hyliana. Fan absoluta del género fantástico en todas sus vertientes, friki del anime, nintendera hasta la médula, darks y adoradora del metal. Si no sabes diferenciar entre un unicornio y un pegaso, mejor no te dirijas a mí.