¿Os acordáis de Avatar?

Avatar se estrenó en 2009. FOTO: IMDB

Avatar se estrenó en 2009. FOTO: IMDB

Si hoy en día le preguntas a cualquier persona por Avatar lo más normal es que se den tres sencillas reacciones:

1. ¿De qué me estás hablando?

2. ¿La serie de animación?

3. ¿Esa película sobre los hombrecillos azules?

Y sí, en esta ocasión, vamos hablar sobre la película de seres azules; Avatar, de James Cameron.

 

La anomalía cinematográfica

Avatar se estrenó en 2009, pero James Cameron empezó a trabajar en el proyecto en 1994. En principio, se esperaba que el rodaje comenzase después de Titanic, para estrenarla en 1999, pero Cameron se dio cuenta de que aún no existía la tecnología adecuada para darle vida al universo que tenía en mente y decidió esperar. La película acabaría estrenándose diez años más tarde.

Tras invertir unos 237 millones en el proyecto, ésta acabó en los cines donde se convirtió en una total y absoluta revelación. Actualmente, Avatar sigue siendo la película con más recaudación de la historia, con más de 2 billones (sí, billones con “b”) internacionalmente; sobrepasando, de esta manera, a la película que había ostentado tal récord hasta ese momento: Titanic.

El éxito fue tal, que 20th Century Fox fichó a Cameron para que desarrollara una segunda y tercera parte que, teóricamente se estrenarían en 2017 y 2019. En el apartado de premios, Avatar, también recibió numerosos reconocimientos, acabando por llevarse nueve nominaciones a los Oscars, y consiguiendo tres de ellos.

Y sin embargo, aquí es donde se acaba su historia. Porque a pesar de que sus méritos no pueden ser negados (especialmente en el apartado tecnológico), la realidad es clara. Han pasado siete años y es obvio que la película con más recaudación de la historia no ha dejado ninguna huella en la sociedad. ¿No me creéis? Haced la prueba. Intentad nombrar a dos de sus personajes o citar alguna parte de la película. Sin hacer trampas. Intentad ahora hacer lo mismo con Titanic. ¿A que se os viene algo a la cabeza? Esa es la diferencia entre una película icónica y una que, simplemente, recaudó mucho.

Es destacable, también, que la mayor parte de su fama de debe, precisamente, a su recaudación. En el contexto actual, raramente se ve una mención a la película en sí, sino solo a cuanto recaudó y los récords de taquilla que rompió. Por lo demás es como si no existiera.

Incluso se hace raro que alguien hable de ella en el contexto tecnológico. A pesar de sus logros visuales y las nuevas tecnologías empleadas para el rodaje de la película, que, en ese momento fueron pioneras, ahora son mayoritariamente ignoradas cuando se habla del tema.

 

Y viceversa…

Avatar es un anomalía tan grande, por las circunstancias, y porque la situación suele darse a la inversa. Lo más común es que una película que ni había tenido un apoyo de la crítica importante, y/o que no había triunfado en taquilla, se convierta en una especie de film de culto tiempo después. Ese es el caso que se dio, por ejemplo, con El Club de la Lucha, que en su momento había dividido excesivamente a críticos y público, y que ahora es considerada, por muchos, como una de las mejores películas de la historia.

Lo que este caso nos demuestra es algo que ya sabíamos. La recaudación no es la que hace buena a una película. Ni tampoco los premios. Ni el hype. Si no supera el examen del tiempo, o tiene una buena historia, no hay nada que hacer. Y ahí es donde Avatar se quedó. Es necesario ser un producto memorable. Y Avatar no lo fue.

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María Vilela. Planeta Tierra. Eso cuando no estoy en la TARDIS. Me gusta ver series, leer, el fútbol y la Nutella.